
Varias personas de mi circulo, al pasar azarosamente por delante de esta espesura, que reposaba en mi mesa de trabajo, dijeron: “¡Qué bello!”…
…pero lo que me arrebata no es un espectáculo, una escena, una “vista”, sino una materia de follaje, un delicado tejido: la sustancia es a la vez frondosa y ligera, desordenada y centrada: esas frondosidades verticales sin aire, sin cielo, inexplicablemente, me dan que respirar, me elevan el “alma” (habríamos dicho hace cien años: pero el alma también es cuerpo), y, sin embargo, también quiero hundirme en lo oscuro de la tierra: en resumen, un muaré de intensidades.
El epígrafe de esta fotografía podría ser: Daniel Boudinet por Roland Barthes. (Fragmento extraído del texto: Sobre doce fotografías de Daniel Boudinet, por Roland Barthes).
…pero lo que me arrebata no es un espectáculo, una escena, una “vista”, sino una materia de follaje, un delicado tejido: la sustancia es a la vez frondosa y ligera, desordenada y centrada: esas frondosidades verticales sin aire, sin cielo, inexplicablemente, me dan que respirar, me elevan el “alma” (habríamos dicho hace cien años: pero el alma también es cuerpo), y, sin embargo, también quiero hundirme en lo oscuro de la tierra: en resumen, un muaré de intensidades.
El epígrafe de esta fotografía podría ser: Daniel Boudinet por Roland Barthes. (Fragmento extraído del texto: Sobre doce fotografías de Daniel Boudinet, por Roland Barthes).
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