
"El Cristo muerto", del alemán Hans Holbein, hace hablar al personaje de “El idiota”, de Fedor Dostoievski así: "frente a este cuadro uno no tiene otro camino que perder la fe". Si uno indaga en biografías sobre el gran escritor ruso, sabrá que ese cuadro fue una obsesión real del autor.Dostoievski lo menciona exorcizándose por medio de sus personajes, pero conocemos que verdaderamente tuvo esos planteos cuando se paró a pocos centímetros de él.Se trata de un óleo donde Cristo yace luego de ser bajado de la cruz. Y tiene un formato transgresor para la época (1521). Está pintado sobre una tabla de 30,5 centímetros por 2 metros. Un tamaño natural impactante. Pero mucho más lo es en sus detalles. Ojos y bocas abiertos, como epicentros de una oscuridad que proviene del infinito. Y un cuerpo demacrado hasta lo imposible.La mismísima esposa de Dostoievski, Anna Grigorievna, lo cuenta así en su diario: "Camino de Ginebra, nos detuvimos un día en Basilea para visitar el museo donde se halla un cuadro del que habían hablado a mi marido. Es un lienzo de Holbein, en el que se ve a Cristo, que acaba de soportar un martirio sobrehumano, descendido de la cruz y descomponiéndose... Demasiado débil para mirarlo más tiempo, me fui a otra sala... Cuando volví, mi marido estaba aún allí, en el mismo sitio, encadenado. Su rostro emocionado tenía esa expresión de pánico que ya le había notado muy a menudo al comienzo de sus ataques epilépticos".¿Qué posibilidades tenía varios años atrás un lector latinoamericano, embebido en las palabras de Dostoievski, de conocer esa figura que había estremecido el alma del escritor? Un alma que para estremecerse necesitaba mucho más que cualquiera de sus contemporáneos. Imaginar un viaje a ese remoto museo era el consuelo. Pero con Internet, uno puede llegar a una reproducción de alta definición de ese cuadro. Recorrer con asombro y mouse tembloroso una pintura que no cabe en el cuadrado de la pantalla, porque se presenta de manera horizontal. Y tener, en una mínima proporción, el golpe de efecto del autor de Crimen y Castigo.
Al Cristo muerto de Holbein
Por Santiago Dabove
Elegía para Él y parte de la humanidad
En el reino de las cosas caducas,
Elegía para Él y parte de la humanidad
En el reino de las cosas caducas,
un ojo sin vida parece mirar la luna;
el del Cristo muerto de Hölbein.
Signo terrestre, no del paraíso.
La Luna le envíaun rayo frío de luz muerta
como un puntero que muestra la corrupción.
Ojos acabados, luz fúnebre.
Planeta y hombre,Dos Muertos.
El mundo ya no tiene "testigos";
porque "testigo" es sólo uno, el "Uno",pese a sus muchas copias.
El mundo tiene la edad de cada viviente.
Los sentidos del hombre, ya anulados,borran todo al borrarse.
Hölbein deicida,demoraste el pincel,hiciste imposible la resurrección.
Cristo ya no puedelevantarse hacia el padre.
La tierra lo retiene,ni un dedo podrá moverdesde el montón confuso.
Tu pincel fijó ese ojo último,que la Luna muestracon su puntero de luz mortuoria.


